Jade Goody, una chica de su tiempo

El caso de Jade Goody me tiene dividida. Por un lado, me da un poco de miedo que una persona ignorante y, digamos, poco respetuosa, tenga el capital que acumuló esta chica, crease varios perfumes, publicase una vez a la semana en una revista y tuviese una legión de fans. Además de ser la 25ª persona más influyente del mundo, según la revista heat. Pero por otro lado, también me fastidian todos aquellos que la critican por haber vendido su muerte a los medios. En cientos de documentales podemos ver cómo una mujer da a luz –espectáculo poco agradable, en mi opinión;  bonito, emotivo, pero desagradable– y no concebimos ver en directo una muerte. Sigue siendo un tabú estupendo de nuestra sociedad.

Entonces, ¿qué se puede vender? ¿Una boda? ¿Un nacimiento? ¿Las cosas bonitas de la vida? Si todo eso es susceptible de convertirse en carnaza mediática, ¿por qué no también las cosas malas, puestos a vendernos? Creo, sinceramente, que cada uno puede hacer con su vida (y con su muerte) lo que le venga en gana, siempre y cuando eso no implique el perjuicio ajeno. Y como Jane Goody no perjudicó a nadie, sino que ayudó a sus hijos a tener un mejor futuro (económicamente hablando, al menos) y que incluso contribuyó a que muchas mujeres se hicieran un reconocimiento para ver si ellas también tenían cáncer cervical (de hecho, en Inglaterra, la muerte de Goody abrió un debate para adelantar la edad obligatoria de reconocimiento de este tipo de cáncer de los 25 a los 20), no veo la razón para armar tanto escándalo.

Sí, es preocupante que cualquier aspecto de nuestra vida íntima pueda ser transmitido por los medios. No hace mucho también podíamos leer que una productora había ofrecido a Susan Boyle una suma bastante grande de dinero por perder su virginidad en una película porno. Todo sirve con tal de ganar dinero, pero siempre ha sido así.

Jane Goody, que participó en dos ediciones inglesas de Gran Hermano, saltó a la fama por su escasa cultura general (creía que Cambridge estaba en Londres) y por su enfrentamiento de carácter racista con una actriz hindú (del que se retractó en público). Este último incidente le sirvió para participar en la edición hindú del programa, Bigg Boss,  para “limpiar sus pecados”. Fue durante su estancia el Gran Hermano hindú cuando recibió el diagnóstico. Por supuesto, los espectadores ingleses pudieron disfrutar de la reacción de Goody en directo. Pero sigue sin sorprenderme. Goody firmó un contrato, mediante el cual su vida íntima podía retransmitirse íntegramente por televisión, así que esto entraba dentro del pacto. Además, se dice que fue la primera granhermana que tuvo sexo en directo dentro de la casa, así que tampoco le tenía mucho aprecio a su vida privada.

Siempre estamos en la eterna disputa entre el espacio privado y el espacio público. Hoy estamos totalmente acostumbrados a que dos personas forniquen dentro de una casa en directo, a que los problemas personales de personas anónimas sean contados a una presentadora en televisión en lugar de a un amigo o a un psicólogo y a que nos busquen pareja en un programa. Así que, repito, no veo la sorpresa en el caso de Jade. Es una chica de su tiempo.

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